Hubo una vez una tigresa que estaba preñada y se moría de hambre. Llegó hasta un pequeño rebaño de cabras, y en su desesperación saltó con extrema brusquedad. Las cabras se dispersaron, ella cayó de panza, eso hizo nacer a su pequeño, y la tigresa murió. Las cabras regresaron a donde habían estado. Y como tenían muy fuertes instintos paternos y maternos, vieron a este pequeño tigre recién nacido junto a su madre muerta y lo adoptaron.
El tigre creció creyendo que era una cabra. Aprendió a comer hierba, aprendió a balar. No podía verse en un espejo, de modo que ignoraba que no era una cabra. Por supuesto, ni la hierba ni los balidos son algo natural para los tigres, y cuando llegó la adolescencia era un ejemplar bastante lamentable de su especie.
Entonces, cierto día, un enorme tigre macho que había estado cazando se abalanzó sobre un pequeño rebaño, y nuevamente las cabras se dispersaron. Pero el pequeño huérfano, que después de todo era un tigre, se quedo quieto allí, frente al invasor.

El gran animal lo miró sorprendido, y le preguntó: “que haces aquí, viviendo con las cabras?”
“Beeee”, respondió el joven tigre, y mordisqueó un poco de hierba. Y bien, el gran varón quedo mortificado. ¡Que conmoción, encontrar a un miembro de su especie en esas condiciones! Le diò al jovenzuelo uno o dos sopapos y solo obtuvo esos tontos balidos. Desesperado, atrapó al pequeño por la nuca y lo llevó hasta un estanque tranquilo. Las ondas de la mente deben aquietarse, ser como un estanque sereno, y entonces puede verse la imagen perfecta.
De modo que el pequeño miró hacia un estanque apacible. El grandote, el gurù, miro hacia allí también. El gurù dijo:”mira mi rostro. Mira el tuyo. Tienes el rostro flagrante de un tigre. 

No eres una cabra. Eres como yo: actúa como yo”. El pequeño emitió otro tonto balido, pero empezó a comprender algo.
De nuevo el tigre grande agarró al pequeño por la nuca. Y esta vez lo llevó a su guarida, donde había una gacela muerta recientemente, toda sangrante, linda y deliciosa. El enorme tipo arranca un buen trozo de esta cosa y lo empuja hacia el pequeño.
El pequeño retrocede disgustado: “soy vegetariano”.
“Fíjate ahora”, dice el grandote, y traga entera la carne sangrienta.
Ramakrishna dice: “esto le pasa a todos ante la doctrina autentica”. Sintió nauseas, pero eso comenzó a bullir en sus venas, y comenzó a sentir que zumbaba algo que nunca había sentido antes: el alimento apropiado.
Espontáneamente su propia naturaleza de tigre se apoderó de el y, sin saberlo siquiera, se estiró como un tigre y emitió algo que no era siquiera un rugido, pero fue suficiente para el grandote que sabía algo sobre rugidos y lo reconoció como una posibilidad.
El tigre adulto dijo:”Henos aquí, ahora. Vayamos hacia los matorrales y comamos comida de tigre”.
Todos somos tigres viviendo entre cabras. De modo que intérnate en la selva, y en la espesura de la noche encuentra al tigre que brilla ardientemente en tus más recónditas profundidades.

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